miércoles, 12 de septiembre de 2012

La Oscuridad


“Si estás en días oscuros, cobíjate en la oscuridad; cuando llegue el resplandor, acuérdate de aquellos días perros. La tristeza así como viene en su carro de mitos, se va por el orificio de la ducha; son síntomas de la vida, que nos lo quiere poner difícil, porque somos hombres para la dualidad, unas veces estamos arriba de los campanarios y otras bajamos a los avernos del Can Cerbero. Yo aconsejo que no nos dejemos arrastrar por esa oscuridad que no sabemos muy bien de donde viene, a veces de ninguna parte y que no nos la merecemos; cuando ella venga, acudamos a las mantas y metamos la cabeza debajo de ella, ya pasará; recordemos que el día pasa con su estrechez de manos y que al día siguiente siempre llueve, proporcionándonos el olor suficiente como para volver a sentirnos puros y brillantes, como somos nosotros, como nos deja sitio el mundo en que vivimos; no nos lamentemos demasiado de la melancolía, pues ésta es una hija de puta que sólo se presenta para disfrazar la cocina con luces negras y con muertos asesinados, pero el hombre está hecho para la alegría, para el instante lúcido, para la adivinación de la cultura y el despido del castigo. Vivamos siempre con la cabeza bien alta cuando lo demoníaco nos presente sus peores trapos bordados con la electricidad del verdugo. El mañana siempre existe y es ahí donde debemos recordar lo que sucedió ayer, mofándonos de lo ocurrido, batiendo los dientes y pensando que el amor nos salva de la cama o del sofá donde el tiempo parece que, como el agua de un lago, se ha estancado. Seamos felices de ser infelices, porque es éste el juego y no hay más, sino haber nacido pájaro o roca de acantilado.”

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