Es mentira que el alma no duela. Es mentira que sea una ficción inespecífica, que no tenga asiento corporal. Yo te voy a decir dónde tengo el alma: acá, justo entre el hueco del cuello y el diafragma. Acá, donde siento un hoyo que duele. Acá, donde los vacíos están repletos de sentido y, a veces, cortan con mega filo.
No sacas nada con explicarme. No saco nada con explicarme. Entender es una cosa y sentir es otra que puede no parecérsele ni un poco. Yo entiendo todo, ¿ves? porque juego a ser inteligente. Pero siento como si no entendiera nada. Entonces poco me importa si tú a eso le dices disociada, o cabezadura, o indiscreta.
A mí el alma me duele barbaridades, y por eso me invento síntomas entendibles para racionales. Funciona perfecto. Si alguien me pregunta qué tengo, puedo decir "reflujo", en vez de "silencio forzado". Así, usted puede darme una pastilla para los jugos gástricos y yo tomármela, como si otras aguas no se desbordaran más.
Y también, si te despiertas llorando una noche, puedes decir que la pesadilla fue culpa del dolor de guata. Aunque nadie comprenda por qué lo que te sobas está justo debajo de la garganta.